“-Soy feliz, jamás me he sentido tan bien, ¿ y tú? -¿Yo? Estoy de maravilla. -¿Hasta el punto de llegar a tocar el cielo con un dedo? -No, así no. -¿Ah, no? -Mucho más, al menos tres metros sobre el cielo.”
“-Las cosas se han puesto muy difíciles para nosotros. Me encantaría estar muy lejos contigo, sin que hubiera más problemas, sin mis padres, sin todos estos líos, en un lugar tranquilo, fuera del tiempo. -No te preocupes. Yo sé adónde podemos ir, nadie nos molestará. Hemos estado ya muchas veces, basta quererlo. -¿A dónde? -Tres metros sobre el cielo, donde viven los enamorados.”
De algo estoy seguro: no podrá quererla como la quería yo, no podrá adorarla de ese modo, no sabrá advertir hasta el menor de sus dulces movimientos, de aquellos gestos imperceptibles de su cara. Es como si sólo a mí se me hubiera sido concedida la facultad de ver, de conocer el verdadero sabor de sus besos, el color real de sus ojos. Nadie podrá ver nunca lo que yo he visto y él menos que ninguno. Él, incapaz de amarle, incapaz de verla verdaderamente, de entenderla, de respetarla. Él no se divertirá con esos tiernos caprichos.”
“Hay que estar atento a lo que te rodea porque a veces, de repente algo puede alegrar tu día.”
“A veces el miedo es realmente algo terrible, te impide disfrutar de los mejores momentos; si no sabes vencerlo, es como una especie de maldición.”
“Cuando pierdes el tiempo al teléfono, cuando los minutos pasan sin que te des cuenta, cuando las palabras no tienen sentido, cuando piensas que si alguien te escuchara creería que estás loco, cuando ninguno de los dos tienen ganas de colgar, cuando después de que ella ha colgado compruebas que lo haya hecho de verdad, entonces estás perdido. O mejor dicho, estás enamorado, lo que, en realidad, es un poco lo mismo…

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